La habitación volvió a sumirse en ese silencio tan particular que solamente se respira en los hospitales, donde lo no dicho, pesa más que cualquier alarma, pitido o pisada que cruce el pasillo.
Valeska no había pronunciado ni una palabra desde hace unos minutos. Goran se mantenía respetuoso, dándole espacio, pero era imposible ignorar que el aire estaba a punto de romperse. Adrián seguía en brazos de su abuelo, inquieto, moviendo sus manitas como si su cuerpecito pequeño también notara la tensi