El bullicio del aeropuerto los recibió como una corriente que no cesaba, una marea humana de despedidas, encuentros, prisas y maletas rodando por pisos relucientes. El aire olía a mezcla de perfumes, café y nervios, y la voz automatizada que anunciaba los vuelos resonaba entre las paredes con esa frialdad robótica que contrastaba con la carga emocional de cada persona allí dentro.
Fabricio avanzaba con paso firme, sin soltar el equipaje que arrastraba ni despegarse demasiado de Valeska, que cam