El sol apenas se alzaba sobre la ciudad cuando Valeska llegó al hotel, lista para iniciar su jornada. Como de costumbre, su atuendo era impecable, su porte elegante y su determinación inquebrantable. Sin embargo, antes de siquiera cruzar la entrada principal, sus pasos se detuvieron al notar una silueta demasiado llamativa justo frente a la puerta de cristal.
Iskra.
La mujer estaba recargada contra la baranda con una actitud despreocupada, como si estuviera esperando precisamente a Valeska. Su