La noche era profunda y silenciosa, interrumpida solo por el débil parpadeo de las luces del lujoso hospital. Lisandro dormía en el sofá de la habitación, su postura permanecía tensa a pesar del cansancio que lo dominaba. Había insistido en quedarse con Valeska, rehusándose a dejarla sola después de todo lo que habían vivido. Aunque su rostro estaba relajado en apariencia, su mente jamás dejaba de estar alerta.
Sin embargo, su descanso se vio abruptamente interrumpido por un sonido que heló su