Celine no podía dormir. Desde que la fiesta terminó, su mente no había hecho más que darle vueltas a cada detalle, a cada gesto de Theo, a cada mirada que le había dirigido y, sobre todo, a las palabras que aún resonaban en su cabeza como un eco implacable. «Siempre te he considerado como una hermana».
Había esperado muchas respuestas de Theo a lo largo de los años. Había imaginado innumerables escenarios, había construido en su mente una y otra vez el momento en que él finalmente cediera a lo