Lisandro observaba la expresión de Valeska con la misma intensidad con la que un hombre que ha estado al borde del abismo observa el primer rayo de luz en el horizonte. Su mirada observaba cada matiz en su rostro, cada pestañeo, cada ligera contracción de sus labios, temeroso de que en cualquier momento su agotamiento físico y la agitación emocional terminaran por quebrarla.
Había sido una noche larga, cargada de enfrentamientos, de verdades a medias y de palabras que quizás nunca debieron deci