Celine avanzaba con pasos ligeros y cautelosos, a través de un callejón húmedo y oscuro. Estaba envuelta en un abrigo grueso, con gafas de sol que ocultaban su rostro y un sombrero que proyectaba una sombra sobre sus facciones tensas. Se detuvo justo antes de llegar al final del callejón y miró hacia ambos lados, asegurándose de que no había ojos curiosos siguiéndola. Solo después de convencerse de que estaba sola, se adentró en la oscuridad.
El hombre que la esperaba recargado contra una pared