Mateo se quedó paralizado y, sin darse cuenta, soltó la mano de Sofía. Ella, sorprendida por el gesto repentino, frunció el ceño y siguió la mirada de Mateo, descubriendo a Lucía no muy lejos de ellos.
Mateo, con el ceño fruncido, le preguntó a Jorge:
—¿Invitaste a Lucía?
—Claro, todos somos amigos, ¿no? —respondió Jorge con una sonrisa inocente.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
Jorge se encogió de hombros:
—Se me pasó con tanto ajetreo. Pensé que no habría problema.
Mientras tanto, Lucía tambi