Sin esperar a que él hablara, Lucía echó un vistazo a la mesa, encontró un plato limpio y, usando un tenedor, colocó un par de empanadas pequeñas en él. Luego lo empujó hacia él.
—Pruébalas —sugirió.
Daniel dudó por un momento, pero tomó una y la llevó a su boca, masticando lentamente.
Lucía lo miraba expectante.
—¿Y? ¿Qué te parecen?
Viendo su expresión ansiosa, Daniel asintió.
—Están muy ricas.
Lucía sonrió ampliamente.
—¿Verdad que sí? Era de esperarse, mis recomendaciones nunca fallan.
Danie