—¡Jorge, estoy aquí! —respondió Lucía con todas sus fuerzas.
La zona tropical de la base botánica, con su densa vegetación selvática, limitaba la visibilidad y resultaba fácil perderse para quienes no conocían el terreno.
Aunque Jorge había preguntado a Talia antes de entrar, solo conocía la dirección aproximada. Mientras más se adentraba, más débil se volvía la iluminación, hasta que finalmente no penetraba ninguna luz.
La oscuridad era absoluta, imposible ver ni siquiera la mano extendida. Aun