—¿Tan rápido? —preguntó Lucía sorprendida.
Daniel asintió levemente mientras sacaba un termo de su mochila: —Te has mojado con la lluvia y tu ropa está húmeda. Bebe un poco de agua caliente para entrar en calor.
Era un termo de vacío. El agua tibia, a unos cincuenta grados, transmitió una sensación de calidez inmediata al beberla, haciendo que toda la parte superior del cuerpo se calentara.
Lucía no pudo ocultar su asombro: —¡Profesor, incluso trajo agua caliente!
Daniel no respondió, pero levan