—¡Miranda!
La voz de Joaquín resonó en la habitación con desesperación, arrancando a Daniela de sus pensamientos.
Por un instante, ella se quedó completamente inmóvil.
No era el tono de un hombre confundido. No era una simple palabra pronunciada al azar. Había dolor, angustia y algo más profundo en aquella voz.
Reconocimiento.
Daniela sintió que la sangre se le congelaba.
—No… —susurró.
Antes de que pudiera acercarse, los monitores comenzaron a sonar con mayor intensidad. Los médicos y enfermera