Cuando la tormenta que había estallado entre ellos finalmente comenzó a amainar, Miranda permaneció unos segundos en silencio, intentando ordenar todo lo que acababa de ocurrir.
Afuera, la lluvia seguía golpeando suavemente contra las ventanas, pero ya no tenía la misma intensidad. Dentro de aquel lugar, en cambio, todavía quedaban demasiadas emociones flotando en el aire.
Miranda volvió a recordar lo que había hecho.
No se arrepentía.
No esta vez.
Quizá en otro momento habría tenido miedo de su