—¡¿Qué dices?! ¡¿Horacio?!
La voz de Joaquín se quebró por completo.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, con el teléfono pegado al oído, como si su mente se negara a aceptar las palabras que acababa de escuchar.
—¡Mamá, dime qué ocurrió! ¿Qué le pasó a mi hermano?
Pero al otro lado solo escuchó el llanto desesperado de la mujer.
—Ven, Joaquín... por favor, ven.
La llamada terminó.
Joaquín bajó lentamente el teléfono.
Miranda corrió hacia él y lo abrazó.
—¿Qué pasó?
Joaquín cerró los ojos.