Cuando el automóvil se detuvo frente al edificio, Miranda sintió que el mundo entero se detenía con él.
Durante unos segundos no pudo comprender lo que estaba viendo.
Columnas espesas de humo negro salían de las ventanas y se elevaban hacia el cielo.
Varias personas corrían en todas direcciones, mientras las sirenas de los bomberos y las ambulancias llenaban la calle.
Había policías acordonando la zona y bomberos entrando y saliendo del edificio.
Entonces el miedo se apoderó de ella.
—¡Mis hija