Daniela fingió que intentaba contener las lágrimas, pero dejó que algunas recorrieran sus mejillas. Bajó la mirada, aparentando una tristeza profunda, como si fuera ella la mujer que acababa de ser herida.
—¿Y qué hay de mí, Joaquín? —preguntó con la voz quebrada—. ¿Acaso te olvidaste de mí?
Él permaneció en silencio.
Daniela apretó los labios y continuó.
—Yo te salvé la vida. Estuve ahí cuando nadie más estuvo. ¿Lo olvidaste?
Aquellas palabras hicieron que Joaquín cerrara los ojos por un instan