Miranda tembló.
—¿Enemigos? —repitió con un hilo de voz.
La palabra quedó suspendida en el aire, pesada, inquietante. Miranda miró a Joaquín, buscando en sus ojos alguna respuesta que pudiera tranquilizarla, pero incluso él parecía preocupado.
De inmediato, recordó las palabras de Agatha Kirland.
«No, la señora Kirland solo está molesta. Ella… no es capaz de ser así. La conozco bien».
Durante unos segundos, Miranda intentó aferrarse a esa idea.
Quería creer que Agatha no sería capaz de llegar t