Miranda permaneció en silencio durante varios segundos.
Las palabras de Joaquín seguían resonando en su mente, golpeando una y otra vez el muro que había construido alrededor de su corazón. Él continuaba de rodillas junto a la cama del hospital, sujetando con delicadeza una de sus manos, como si temiera que, al soltarla, ella desapareciera para siempre.
Finalmente, Miranda rompió el silencio.
—¿Por qué…? —preguntó con la voz apenas audible—. ¿Por qué no quieres perderme?
Joaquín levantó lentamen