El sonido de las sirenas rompía el silencio de la noche mientras la ambulancia avanzaba a toda velocidad hacia el hospital.
Dentro del vehículo, los paramédicos trabajaban sin descanso para estabilizar a Joaquín.
Su rostro estaba pálido, sus ojos permanecían cerrados y apenas había respuesta de su cuerpo.
La gravedad del golpe preocupaba al equipo médico, quienes continuaban revisando sus signos vitales mientras intentaban mantenerlo estable.
—Paciente masculino, aproximadamente treinta años —i