Capítulo 33: Vigilancia. I
La ciudad parecía la misma de siempre: calles bulliciosas, transeúntes distraídos y el sonido constante de los motores resonando entre los edificios. Pero Erika no sabía que, entre aquel ir y venir de personas, había ojos que la seguían en silencio, observando cada uno de sus movimientos con una precisión enfermiza.
Damián no estaba dispuesto a dejarla ir. No importaba cuántas veces ella intentara alejarse, él siempre encontraría la manera de volver a entrar en su vida, incluso si tenía que hacerlo desde las sombras.
Las órdenes fueron claras. A través de sus contactos, había contratado a un grupo de hombres discretos y eficientes. Su tarea era simple: vigilar a Erika. No debían interferir, no debían alertarla. Solo seguirla, documentar cada uno de sus pasos, conocer su rutina al detalle.
Los reportes llegaban puntualmente a su escritorio. En ellos, cada aspecto de la vida de Erika estaba meticulosamente registrado:
07:30 a. m. – Sale de su apartamento.
08:00 a. m. – Llega a la ofi