El día veintiuno no comenzó: continuó.
No hubo una línea clara que separara la noche del amanecer. Erika abrió los ojos con la sensación de no haber salido del todo de ese espacio interno donde ya no existía distancia entre lo que percibía y lo que era. La habitación estaba ahí, intacta, con su precisión casi clínica, pero por primera vez no se sintió contenida por ella.
Se sintió… más amplia que el espacio.
No en un sentido físico.
En uno más profundo.
Permaneció recostada unos segundos, sin m