El día trece comenzó antes de que cualquiera de los dos estuviera preparado para enfrentarlo.
En el laboratorio, como siempre, no existía el amanecer real.
No había cielo que cambiara de tonos, ni luz que se filtrara entre cortinas, ni sonidos de un mundo despertando poco a poco.
Solo había sistemas.
Programación.
Rutina.
A las 07:00, las luces de la habitación de Erika se encendieron con la misma precisión de siempre.
Pero esta vez… ella ya estaba despierta.
No había dormido bien.
Había cerrad