La noche descendía sobre la ciudad como un velo espeso, cargado de electricidad contenida. Las luces parpadeaban en los rascacielos, los autos seguían su curso sin saber que, entre ellos, se movilizaban hombres entrenados, de vidas marcadas por órdenes silenciosas y lealtades compradas.
El enfrentamiento entre los hombres de Alessandro y los de Débora había dejado una huella en el aire, un rastro invisible que cualquiera con instinto de supervivencia habría podido oler. La ciudad estaba inquieta. Hasta el viento parecía arrastrar murmullos incómodos: la cacería había empezado.
Y, sin importar que, absolutamente nadie sabía dónde se encontraba Erika Wilson.
Ni Débora.
Ni Damián.
Ni la familia Baker.
Ni la familia Wilson.
Solo dos personas lo sabían:
Lucca Serrano.
Alessandro Miller
Horas antes de la confrontación en la avenida, Alessandro había marcado un número que nunca imaginó marcar. No lo hizo por cortesía ni por impulso emocional… lo hizo porque la situación lo exigía, porqu