La noche había caído sobre la ciudad con esa densidad silenciosa que siempre precede a las tormentas que no son climáticas, sino humanas. Lucca había pasado las últimas cuarenta y ocho horas vigilando sin descanso, moviéndose en el perímetro, analizando rutas, flujos de personas y patrones invisibles a los ojos de quienes no habían sido entrenados para sobrevivir incluso cuando los cazadores llevaban ventaja. Alessandro, por su parte, jugaba en otra dimensión: la de la política, la del poder, l