Una semana había transcurrido desde que los hombres de Alessandro iniciaron la investigación sobre el pasado de Erika y a pesar de aquello aún había mucho más por desenterrar, dicha noticia no tardó en llegar como un rayo que partió en dos la efímera tranquilidad que Damián había logrado sostener durante días. Estaba en su departamento, revisando unos correos sin demasiada concentración, cuando Julián entró sin tocar, con el rostro blanco como ceniza una evidente mala señal por parte de él dado que una de las características de Julián era su porte estoico y calmado.
—Damián… estas jodido —dijo, cerrando la puerta con una lentitud inquietante.
Damián levantó la mirada, notando el temblor en las manos de su primo una primera señal de alerta contundente.
—¿Qué pasó ahora?
Julián respiró hondo, como si necesitara coraje para pronunciar lo que venía.
—Alessandro… está investigando el pasado de Erika.
El aire en la habitación se detuvo.
El café que Damián estaba bebiendo quedó suspendido a