La noche cayó sobre el edificio corporativo Miller como un telón pesado. Desde las ventanas del piso ejecutivo, la ciudad brillaba en tonos naranjas y azules, ajena a la tensión que se respiraba en la sala de juntas.
El equipo legal de Alessandro ya estaba sentado; portátiles abiertos, carpetas apiladas, pantallas llenas de líneas de contratos, fechas, movimientos bancarios y declaraciones públicas. Los asesores de crisis murmuraban entre sí, preparando estrategias, todo parecía un campo de batalla silencioso.
Erika entró detrás de Alessandro, algo retraída, ella claramente no estaba acostumbrada a ambientes como ese. Era obvio que no formaba parte de su mundo, pero ahora la diferencia era abrumadoramente obvia, pero él había insistido en que estuviera presente.
Alessandro se sentó al frente en la cabecera de la mesa con el porte de un general antes de iniciar una ofensiva.
—Bien. Empecemos —dijo.
Uno de los abogados abrió la reunión con un resumen de los rumores, las fuentes y los pu