**KLAUS**
La mañana era limpia, el cielo de un azul sereno que se reflejaba en los ventanales altos de mi estudio. Desde la galería, el jardín parecía un cuadro detenido en el tiempo. Me serví un café —negro, fuerte, como me gustaba— mientras contemplaba la silueta de Úrsula, de pie junto al ventanal, absorta en las flores, como si pudiera entenderlas. Era hermosa. A su modo, una criatura salvaje que empezaba a acostumbrarse a la jaula dorada que con tanto esmero había construido para ella.
—Úr