Álvaro salió de edificio donde estaba su oficina y se encontró a boca jarro con su madre que venía entrando.
—Te estuve llamando, no contestaste mis llamadas —lo reprendió suavemente, mientras le daba un beso en la mejilla.
Álvaro hizo un gesto instintivo buscando su celular y no lo encontró en sus pantalones ni en su saco.
—No tengo mi celular —dijo pensativo— no sé dónde lo dejé. Debo volver, se me ha de haber quedado en la oficina.
—Te he llamado desde hace más de una hora.
—Lo siento, me ol