Fabrizio estaba preocupado por Cloe, estaba pálida y se veía frágil. Odiaba verla así y cada segundo que el médico se tardaba en llegar se sentía más ansioso.
—Estoy bien —dijo Cloe apretando su mano y dándole una sonrisa.
—Lo creeré en cuanto el doctor lo diga.
Después de verla vomitar por segundo día consecutivo, sabía que algo estaba mal con ella, solo esperaba que no fuera nada de gravedad.
Acarició el rostro de Cloe con ternura.
—Fabrizio, yo…
Lo que Cloe fuera a decir se vio interrumpid