Cloe se apoyó en el borde del lavamanos y se levantó con cuidado. Después de vomitar todo lo que estaba en su estómago, se sentía sin fuerzas.
—¿Estás bien? —preguntó Fabrizio por tercera vez desde el otro lado de la puerta. Su voz dejaba en claro que estaba preocupado.
—Sí, salgo en un momento.
El espejo le devolvió su imagen pálida. Encendió el grifo y se lavó el rostro antes de cepillarse los dientes. De tan solo sentir el sabor desagradable en su boca, sentía que podía comenzar a vomitar de