La mañana del 23 de diciembre llegó sin prisa. Miranda se despertó con los labios húmedos, repasando con las yemas de sus dedos con suavidad, recordando aquel beso. De repente recordó que la cena corporativa siempre era un día antes; así, todos tenían la libertad de pasar la Nochebuena con sus familias. Apretó los puños pensando que David al final la dejaría sola; masticó la amargura subiendo de su garganta...
La enfermera ingresó y, después de saludarla, le revisó la presión y la temperatura.