Al abandonar la tienda, David preguntó:
—¿Seguimos en esto o solamente querías presumir?
El suspiro de Miranda parecía salir de su alma; se sentía desnuda ante él. Luego de una tos forzada, aclaró:
—Ofreciste pagar mis cuentas; estoy desempleada y con facturas por caer…
El silencio volvió, pero más cálido y amable… Ella se miró a sí misma en la vidriera de la tienda y se regañó por sentir la rabia que la carcomía; el pasado ya fue, el matrimonio solamente de nombre. Él le aseguró que la