CAPÍTULO 79
JULIAN
No había una razón clara para hacerlo, pero allí estaba yo, conduciendo mi coche deportivo en dirección al departamento de Julieta. Una parte de mí sabía que era absurdo, que no tenía sentido seguir buscándola después de las pocas veces que habíamos coincidido, pero otra parte —quizás la más vulnerable— no soportaba la idea de enfrentarme a mis viejos amigos solo.
La llamada había sido más improvisada de lo que esperaba.
—¿Hola? —respondió ella, con ese tono distraído que solía usar conmigo, como si estuviera ocupada en algo más interesante que atenderme.
—Soy yo —dije, carraspeando antes de añadir—. Julián.
—Ah, Julián… —contestó, sin emoción alguna. Silencio. Casi podía verla encogiéndose de hombros al otro lado de la línea.
—Escucha, un viejo amigo me invitó a una reunión esta noche —dije con calma, intentando sonar casual—. se van a reunir todos después de mucho tiempo, o algo así.
Ella permaneció callada unos segundos, hasta que preguntó:
—¿Y para qué me lo cue