CAPÍTULO 78
MONSERRAT
Había sido un día interminable.
Cuando finalmente cerré la computadora y apagué las luces de mi oficina, sentí que el cansancio se me acumulaba en cada músculo. El tráfico hasta la casa tampoco ayudó: bocinas, luces rojas y un aire sofocante que parecía pesar sobre mis hombros. Y eso que era Javier quien conduce.
Al entrar, me recibió el aroma familiar del hogar y la sonrisa cálida de Ignacio, que me esperaba en el sofá. Apenas dejé la cartera sobre la mesa de entrada, é