CAPÍTULO 78

CAPÍTULO 78

MONSERRAT

Había sido un día interminable.

Cuando finalmente cerré la computadora y apagué las luces de mi oficina, sentí que el cansancio se me acumulaba en cada músculo. El tráfico hasta la casa tampoco ayudó: bocinas, luces rojas y un aire sofocante que parecía pesar sobre mis hombros. Y eso que era Javier quien conduce.

Al entrar, me recibió el aroma familiar del hogar y la sonrisa cálida de Ignacio, que me esperaba en el sofá. Apenas dejé la cartera sobre la mesa de entrada, él me hizo un gesto con la mano.

—Vení, recostate un rato conmigo —me dijo con voz suave.

Obedecí sin protestar. Me quité los zapatos y dejé que mi cuerpo se hundiera en el sillón, apoyando la cabeza contra su hombro. Ignacio tomó mis pies con cuidado y comenzó a masajearlos con firmeza. No pude evitar soltar un suspiro de alivio.

—Estás agotada —murmuró.

—Eso parece. Ha sido un día largo, Ignacio.

El silencio cómodo se extendió unos segundos, solo interrumpido por el leve roce de sus manos sobr
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