Curtis reía mientras ella sentía una angustia infinita, mientras Leo lloraba, pero por más que miraba hacia un lado y otro no lo hallaba.
— ¡Leo! —gritaba su nombre con desesperación, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
—Acabaré con él y luego te ataré en el sótano, ya no podrás volver a escapar. Serás mía para siempre.
Aquella voz aterradora le provocaba más desespero, mientras su hijo no paraba de llorar.
— ¡Leo en dónde estás! —exclamaba sin saber de dónde provenía su delicada