Ashley arrojó la pequeña escultura de madera contra la pared. Estaba furiosa.
—No tienes derecho a destruir mi oficina —dijo Matthew intentando no perder la compostura.
—No los soporto, ni al imbécil de tu abogado, ni a la estúpida de tu secretaria, mucho menos a la inútil inmigrante que intenta arrebatarte de mi lado —exclamó furiosa.
Él apretó las manos en un puño, pero de nuevo se contuvo.
—Creí que si venías aquí sería para hablar de la prueba prenatal de paternidad. Mi madre me llamó para