La luz de la mañana se coló por el amplio ventanal de la habitación principal. Naia se removió sintiendo un poco adolorido su cuerpo, en especial su entrepierna. De inmediato recordó lo que había sucedido con Matthew, por lo que abrió los ojos tan amplio como le fue posible. La manta cubría parcialmente su desnudez a plena luz del día. Se sentó sintiendo aquel dolor satisfactorio, pero al observar a su lado estaba sola.
Una risa infantil muy conocida la puso en alerta. Al seguir aquel sonido la