La mañana del sábado había llegado y con ello el despertar fue inevitable, al hacerlo notó dos cosas, la primera que Leo ya se encontraba despierto, balbuceaba algo que ella no lograba comprender mientras intentaba morder los dedos de sus pies; lo segundo en notar es que ella estaba en su cama cuando lo último que recordaba era estar en uno de los mullidos muebles de la sala escuchando a su jefe.
Se levantó tan rápido como le fue posible, intentando recordar sus pasos hasta llegar de regreso a