Ella frunció el ceño.
—Yo creí…
—Pues creíste mal. No puedes comparar el fiasco de matrimonio que tuvimos con la relación que deseo tener con nuestra hija. No tienen nada que ver.
—Pero, no lo comprendo. ¿Vas a quedarte? No puedes hacerlo, Marco. Al menos no permanentemente.
—¿Quién dice que no puedo? Desde hace semanas estoy encargándome de los negocios vía internet y no hay ningún problema con ello. Además, estoy buscando una casa para comprarla. Voy a mudarme permanentemente aquí, a Miami