Dentro de su habitación, Marco se maldecía por lo estúpido que había sido.
Por supuesto que Sheila no lo elegiría.
¿Qué mujer en su sano juicio elegiría regresar con el ex que la había traicionado teniendo un amante candente y misterioso dispuesto a algo más?
¡Imbécil!
Se había enamorado como un idiota de su ex esposa, notando los cambios en ella. Esa firmeza, esa seguridad con que decía las cosas tan diferente del comportamiento de aquella chiquilla de dieciocho años que nunca le llevaba la