Casanova la recibió como siempre, abriendo la puerta y tomando su mano para besarla.
—Ya estaba inquieto, cara. Creí que no vendrías.—Susurró él.
—Prometí que lo haría y soy una mujer de palabra.
—Va bene.
Entraron y cerraron la puerta tras de sí. se encaminó hacia el sofá, pero recordando la intensísima sesión de sexo que habían tenido allí, terminó sentándose sobre los cojines con evidente incomodidad.
—¿Quieres algo de beber, bella?—ofreció Casanova, amablemente.
—No. Quiero escuchar la