Antes de subir a ese avión, Lexi se habría reído de la idea de arrodillarse ante nadie y suplicar. Ni por esto ni por nada. Incluso esa misma noche, mientras lo esperaba junto a la ópera, habría puesto los ojos en blanco si él se le hubiera acercado con aire de suficiencia y hubiera predicho que le rogaría por el privilegio de tomarlo en su boca. Pero también tenía razón en eso. Se sentía como otra persona. Como una extraña para la Lexi que había sido. Porque esta Lexi sabía que si no tenía la