Tyler la estaba devorando viva. La estaba consumiendo. Había experimentado una serie de explosiones, y no cesaban. Ella no podía detenerse. Una llevaba a la otra, y todo era húmedo, caliente y casi doloroso. Todo lo que no tocaba también dolía. Y el dolor era punzante, y se extendía hasta su centro, abriéndose paso a través de ella hasta su clítoris, y él lo sabía.
Oh, sí, lo sabía. Porque la había provocado. Y la había tomado. Y la había consumido con esa boca voraz, burlándose de su creencia