60

Abrió la caja y sacó un precioso solitario redondo con engaste de platino. Se lo puso en el dedo. Era un poco grande, tanto por el tamaño del aro como por su peso, pero era perfecto. Ella se tapó la boca con la otra mano mientras admiraba el anillo y su brillo.

—Es absolutamente precioso. No podría pedir nada más. De verdad. No sé si podría llevar un diamante más grande sin ayuda.

Él rió entre dientes. —Te juro que no parecía tan grande en la tienda.

—Claro que no. Tienes las manos enormes.

—Lo
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