Ella sonrió y negó con la cabeza. Podía ser muy tonto si quería, pero sabía perfectamente que no era así con nadie más. Reservaba sus momentos más vulnerables para ella. —¿Esas son tus pijamas?
—Claro. No te voy a dejar sola en esta cama. —Se había puesto una camiseta y unos pantalones cortos de baloncesto. Cómo le encantaban esas piernas largas y esbeltas—. Creo que veremos películas malas toda la tarde. No me he escapado del trabajo desde hace... bueno, muchísimo tiempo, creo.
—Sabes, creo qu