CAPÍTULO 21. ¿Confías en mí?
Franco apoyó los codos en las rodillas mientras veía a Victoria atravesar las últimas dos horas antes del amanecer en medio de aquel sueño intranquilo. Llamaba a su hijo dormida, y eso le rompía el corazón.
Lo único, lo único que lo mantenía cuerdo sabiendo que había sido vendida en esos años, era saber que nadie más la había agredido, así que al menos solo llevaba sobre sus hombros la culpa de sus propios actos.
Estaba apenas amaneciendo cuando ella abrió los ojos y lo vio allí, sentado y taci