La luz no solo iluminó la cámara.
La invadió.
La saturó.
La convirtió en algo irreconocible.
Isa sintió que el mundo físico se deshacía a su alrededor, como si las paredes, los metales, las armas y los cuerpos dejaran de ser sólidos para transformarse en datos suspendidos en el aire.
La figura de Elena no tenía límites definidos.
Era forma y energía al mismo tiempo.
Un pulso.
Un latido.
Una presencia que no ocupaba espacio… pero lo dominaba todo.
El tiempo se ha terminado.
La frase no sonó en s