La noche había caído sobre la ciudad con una elegancia inquietante, como si cada luz encendida ocultara una historia que no debía ser contada. Isa observaba desde la ventana de su apartamento, con los brazos cruzados, intentando calmar la tormenta que crecía dentro de ella.
Algo había cambiado.
No era solo la intensidad de sus encuentros con Adrián, ni la manera en que su nombre parecía vivir ahora en cada pensamiento suyo. Era esa sensación… esa leve pero persistente inquietud que se deslizaba