Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche había caído sobre la ciudad con una elegancia inquietante, como si cada luz encendida ocultara una historia que no debía ser contada. Isa observaba desde la ventana de su apartamento, con los brazos cruzados, intentando calmar la tormenta que crecía dentro de ella.
Algo había cambiado.
No era solo la intensidad de sus encuentros con Adrián, ni la manera en que su nombre parecía vivir ahora en cada pensamiento suyo. Era esa sensación… esa leve pero persistente inquietud que se deslizaba entre sus emociones como una sombra imposible de ignorar.
Las palabras de Adrián seguían resonando en su mente:
"Hay alguien más involucrado."
¿Quién? ¿Por qué? ¿Y qué significaba eso para ellos?
Isa cerró los ojos por un instante, intentando aferrarse a lo que sí era real: sus besos, su cercanía, la forma en que la hacía sentir como si fuera la única mujer en el mundo. Pero incluso esos recuerdos, tan intensos, comenzaban a mezclarse con la duda.
Su teléfono vibró.
Un mensaje.
Pero no era de Adrián.
Número desconocido.
"Deberías tener cuidado con él."
El corazón de Isa se detuvo por un segundo.
Leyó el mensaje una vez más, como si las palabras pudieran cambiar. Pero no lo hicieron. Permanecieron allí, frías, directas… amenazantes.
Antes de que pudiera reaccionar, otro mensaje apareció:
"No es quien crees."
El aire pareció volverse más pesado. Isa apretó el teléfono con fuerza, sintiendo cómo una mezcla de miedo y rabia comenzaba a crecer dentro de ella.
¿Qué está pasando…? susurró para sí misma.
Y como si el universo respondiera a su inquietud, el teléfono volvió a vibrar.
Esta vez… era Adrián.
"Isa, necesito verte ahora."
Su impulso fue inmediato. No preguntó. No dudó. Solo tomó su bolso y salió.
El lugar donde Adrián la esperaba no era uno de los habituales. No era un restaurante elegante ni un espacio cuidadosamente elegido. Era un edificio discreto, casi oculto entre las calles menos transitadas de la ciudad.
Isa sintió un escalofrío al bajar del coche.
Adrián estaba allí, apoyado contra la pared, con la mirada seria, intensa. Ya no había rastro de esa sonrisa encantadora que solía desarmarla. Esta vez… parecía diferente. Más real. Más peligroso.
Isa dijo al verla, acercándose rápidamente. Gracias por venir.
Ella lo observó con atención.
Recibí un mensaje dijo sin rodeos. De alguien que me dijo que tuviera cuidado contigo.
El silencio que siguió fue pesado.
Adrián no parecía sorprendido.
Y eso… lo cambió todo.
¿Quién fue? preguntó él, con voz controlada.
No lo sé respondió Isa, cruzándose de brazos. Pero tú sí sabes algo, ¿verdad?
Adrián pasó una mano por su cabello, visiblemente tenso. Por primera vez desde que lo conocía, parecía estar perdiendo el control.
Isa… comenzó, acercándose lentamente. Hay cosas que están fuera de mi control. Personas que… no quieren que estés cerca de mí.
¿Por qué? preguntó ella, con la voz firme pero cargada de emoción. ¿Qué estás ocultando, Adrián?
Él no respondió de inmediato. En cambio, la miró fijamente, como si estuviera decidiendo cuánto revelar… o cuánto seguir ocultando.
Si te lo digo todo ahora murmuró, podría perderte.
Y si no lo haces replicó Isa, acercándose un paso, ya me estás perdiendo.
El silencio volvió a caer entre ellos, más intenso que antes.
Pero esta vez… algo cambió.
Adrián dio un paso hacia ella, cerrando la distancia. Sus manos encontraron el rostro de Isa con una mezcla de urgencia y necesidad.
No quiero perderte susurró. No ahora. No cuando esto… sus dedos rozaron su mejilla suavemente …es lo más real que he tenido en mucho tiempo.
Isa sintió cómo su determinación se tambaleaba.
Odiaba eso.
Odiaba la forma en que él podía desarmarla con tan poco.
Pero también… lo deseaba.
Y eso era aún peor.
Entonces deja de esconderte murmuró ella, casi sin aliento. Porque no puedo seguir así, Adrián. No puedo enamorarme de alguien que no conozco.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Enamorarme.
Adrián la miró con una intensidad nueva, como si esa confesión hubiera cambiado las reglas del juego.
Isa… dijo lentamente. Si sigues conmigo, no habrá vuelta atrás.
Ya no la hay respondió ella.
Y entonces ocurrió.
El beso no fue suave esta vez. No fue lento ni tentativo. Fue urgente, cargado de emociones reprimidas, de miedo, de deseo, de necesidad.
Adrián la atrajo hacia él con fuerza, y ella respondió sin reservas. Sus manos se aferraron a su camisa, sintiendo el calor de su cuerpo, la intensidad de su presencia.
No había palabras.
Solo respiraciones entrecortadas, roces que quemaban, una conexión que se volvía cada vez más difícil de controlar.
La tensión entre ellos se transformó en algo más profundo, más peligroso. Cada movimiento, cada caricia contenida, cada susurro cerca de la piel construía una intimidad que iba más allá de lo físico.
Pero incluso en ese momento… la duda seguía allí.
Como una grieta.
Invisible, pero creciendo.
Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban con dificultad.
Isa apoyó su frente contra la de él, cerrando los ojos.
Dime la verdad… susurró. Solo una cosa.
Adrián dudó.
Solo un segundo.
Pero fue suficiente.
¿Esa persona…? preguntó Isa, abriendo los ojos lentamente. ¿Es una mujer?
El silencio fue su respuesta.
Y en ese silencio… Isa lo entendió todo.
Un golpe frío recorrió su pecho.
No era solo peligro.
No eran solo secretos.
Había alguien más.
Alguien real.
Alguien que podía destruirlo todo.
Isa dio un paso atrás, rompiendo el contacto entre ellos.
No… susurró, negando con la cabeza. No puedo…
Adrián intentó acercarse, pero ella levantó la mano, deteniéndolo.
No me sigas dijo, con la voz quebrada pero firme. No esta vez.
Y sin mirar atrás… se fue.
Esa noche, la ciudad parecía más fría.
Más distante.
Isa caminaba sin rumbo, con el corazón latiendo descontrolado, tratando de entender en qué momento todo se había vuelto tan complicado… tan intenso… tan doloroso.
Las lágrimas no tardaron en llegar, pero no eran solo de tristeza.
Eran de frustración.
De deseo.
De una verdad que no quería aceptar:
Estaba enamorándose de un hombre lleno de mentiras.
Y aun así…
Una parte de ella seguía queriendo volver







