Alexander
A las cinco de la mañana, cuando la ciudad aún bostezaba entre sombras, yo ya había perdido tres cosas: una noche de sueño, la confianza en uno de mis socios más antiguos… y el control.
El control.
Esa palabra maldita que solía saborear como whisky añejo en la boca. Que solía vestirme como un traje a medida. El mismo que ahora se deshilachaba hilo por hilo con cada decisión que no podía revertir.
La pantalla del celular parpadeó una vez más. Otro mensaje sin respuesta de Mia. Ignorado