Mia
Nunca he creído que el rencor fuera útil. Siempre me pareció una emoción desgastante, una carga innecesaria. Pero claro, eso fue antes de conocer a Alexander Blackwood. Antes de que su voz grave y su mirada oscura comenzaran a habitar mis pensamientos incluso cuando dormía. Antes de que su sombra se colara en mi vida profesional y la desordenara con la misma facilidad con la que desabrocha los botones de su camisa después de una junta tensa.
Ahora, el rencor me sostiene.
Me levanta por las